viernes, diciembre 25, 2015

El libro de la Selva como articulador de inclusión. Cuarta parte.




                Los seres humanos perdemos la conciencia de lo complicado y difícil que es tener un cuerpo… no es algo sencillo… en este momento estoy sentado escribiendo este artículo,  mis dedos se mueven rápidamente sobre el teclado, miro fijamente la pantalla de la notebook y en el fluir del pensamiento elijo que escribir mientras corrijo errores de tipeo o reviso los subrayados que me señalan un posible error ortográfico; hacer todo esto y no perder la finalidad de lo que quiero expresar es algo que parece sencillo pero que realmente es muy complejo, pero con los años vamos perdiendo la conciencia del enorme esfuerzo que realizamos para apropiarnos de él.

                Nos relacionamos con el mundo como algo ajeno a nosotros principalmente a través de los distintos orificios del cuerpo que en el proceso de subjetivación constituirán un primer borde entre lo interior y lo exterior; de allí que no alcanza tener ojos para ver, es necesaria una operación que constituya la visión, que convierta un receptáculo de estímulos en una mirada voluntaria, alguien que decide qué y donde mirar ubicándolo a su vez como exterior a sí mismo ¿se habían dado cuenta que en realidad lo que “ven” está dentro de Uds, en la cámara que constituye el ojo y que determinar que eso se encuentra fuera es una compleja operación subjetiva?. Lo mismo ocurre con el resto de los orificios del cuerpo que una vez subjetivados se unen en lo que denominamos  imagen del cuerpo, borde en el que se distingue lo que está afuera y lo que está adentro, que algunos estudiosos como Merleau Ponty denominaron “encarnación de la conciencia”.

                Cuando no sucede la operación constitutiva que se denomina “estadío del espejo”  que constituye el borde corporal, nos encontramos con una dificultad en la conformación del “yo” de allí la importancia de lo que se denomina figura del “doble” y la constitución de un borde que ya no es en lo que sería el cuerpo propio sino en el exterior. Como dice Eric Laurent el doble suple la ausencia del borde permitiendo que un sujeto pueda apoyarse en distintos dobles en un proceso para lograr  un sentido del propio cuerpo. Mientras les transmito estas ideas renunciando a cierta rigurosidad necesaria porque la idea es llegar a un público general, que es el que trabaja en lo concreto en inclusión en los grupos scouts, vienen a mi memoria distintas experiencias en mi trabajo en instituciones que pueden ejemplificar lo que estamos abordando, por ejemplo Pedro que con una imagen pobremente integrada no podía mover a la vez brazos y pies, pero cuando trabajamos con un cuento como “el principito” y utilizábamos disfraces junto con imágenes en espejo (quien realizaba la actividad se disfrazaba) integraba su cuerpo moviendo manos y pies; de igual manera bailaba o realizaba algunas actividades… si bien en un primer momento la imagen del otro fue condición de que Pedro moviera su cuerpo, con el tiempo la idea de la imagen a imitar le permitía realizar los movimientos permitiendo otro acceso al lazo con los otros.



                La actitud de quien coordina la actividad es muy importante, ya que a veces hacer de doble al otro mediante una actividad puede dar lugar a lo novedoso de la invención de cada sujeto. Volviendo a Pedro realizando actividades de gimnasia a través de juegos deportivos aprendió a realizar “la palomita”, que es un ejercicio de equilibrio donde la persona abre los brazos, queda parado sobre un pie y vuelca el cuerpo hacia delante… Cada vez que esto ocurría Pedro hacía otra cosa, la figura de un 4 con sus pies y la apertura de brazos, la actitud de “la norma” indicaría seguir insistiendo que haga “la palomita” como corresponde, pero en lugar de ello se dio lugar a la invención de Pedro ya que esa era la“Palomita” que hacía en posesión de su cuerpo… lo más interesante sucedió cuando al ser invitados a un festival gimnásticos realizó todo el recorrido del juego ante el publico para finalizar con una gran sonrisa y  “la Palomita de Pedro”!, por la cual fue ovacionado por el público presente.

¡Al tigre, al tigre!

                Para trabajar el capítulo, como en las entregas anteriores, aislaremos cinco momentos que hacen al desarrollo de la historia que nos permiten pensar algunas actividades inclusivas para la manada, a su vez dichos momentos nos da la base para realizar la lectura del cuento bajo el formato de un Kamishabai.

 Mowli entrando a la aldea

·         Mowli con la señora que lo cuida

·         Mowli cuidando el ganado con el Hermano Gris

·         El ganado corre a Shere Kan y lo pisa

·         Mowli lleva a la Roca del Consejo a la piel de Shere Kan

                En el relato de la historia tendremos en cuenta los distintos modos de participación de los Lobatos.



Bailecitos de la selva:

                Cuando alguien pisa por primera vez un grupo scout le suele llamar la atención como niños y jóvenes se divierten con danzas y  bailecitos… alguien coordina una acción y todos repiten una serie de palabras y movimientos al unísono. En este caso son  excelente recurso donde se pone en juego la mímesis en tanto el coordinador se ofrece a ser imitado. Si prestamos atención generalmente tienen una letra sencilla, algunas veces siquiera sabemos lo que significan y nos proveen de una riqueza de movimientos corporales… como por ejemplo la “danza del gran guerrero Tanaka”,  disponible en youtube, quien tranquilamente podría ser uno de los habitantes de la aldea.

Kim de cocina

                Cuando Mowli ingresa a la cocina de la señora que lo cuida comienza a probar las distintas cosas que encuentra. El Kim de cocina puede realizarse con gustos, texturas o combinado.

Cuidando el ganado


                 Mowli y el hermano gris cuidan el ganado, pero se produce una estampida y el ganado comienza a correr. El clásico juego Bull – Dog será tansformado en atrapar el ganado que corre,. Los participantes deberán cruzar las líneas con el sonido onomatopéyico del ganado.

 © 2015

domingo, diciembre 20, 2015

Escultismo: entre el voluntariado y la militancia


          


           Las personas nos humanizamos a través de las palabras. Desde el comienzo con ellas se trata de nombrar aquello que nos ocurre, quizás por eso las mamás primerizas cuando no saben qué hacer recurren a las abuelas para preguntarles “¿qué le pasa al bebé?... y se escuchará la voz de la nana diciendo “seguro tiene calor, desabrígalo”… Y así comienza la historia de cómo nos van diciendo lo que nos pasa y cómo nosotros vamos tomando las palabras como propias aprendiendo a hacer uso de ellas para definir la realidad. Pero el proceso no termina, parafraseando un viejo dicho, una palabra lleva a la otra en tanto que no existe palabra que finalmente pueda definir cabalmente lo que nos pasa, mientras tanto la abuela es reemplazada por un “supuesto saber” que llamamos Ideología que se ocupa de definir el por qué de nuestro malestar…

            Podríamos decir que la Ideología (no importa cual) define la realidad a partir de palabras, pero nunca es una definición inocente porque se trata de una construcción de la realidad que provoca efectos concretos en la vida de las personas. Podría decirse que desde la Ideología existirían las “buenas palabras” y las “malas palabras”, dependiendo su caracterización de la referencia implícita o explícita a la que se recurra… por ejemplo para el neoliberalismo “distribución de la riqueza” es mala palabra, no así “libertad de mercado” o “libertad de expresión” en tanto esta última dependa de que los medios estén bajo las manos de las grandes corporaciones… en cambio para la centroizquierda sucede lo inverso. Si la experiencia que vive cada uno de nosotros es relevada por “palabras generales” que tratan de dar cuenta de ellas deberíamos preguntarnos sobre el efecto de las palabras en los niños y los jóvenes. Muchas veces me pregunto ¿Acaso las palabras que usamos con nuestros niños y jóvenes no son performativas, siendo ellas mismas la forma de "educar" en la consrucción de la realidad? ¿Da lo mismo definir los scouts somos como militantes o como voluntarios? ¿existen diferencias para nosotros y para los niños y jóvenes en hacerlo de una u otra forma?

            Recurriendo a los diccionarios, observamos que la palabra “voluntario” se encuentra de la mano con “Organización No Gubernamental” y en oposición a “política” en tanto que “militante” suele ir de la mano de “política” y de “cambio social”. Esto implica una definición Ideológica en la que se sostiene a las llamadas ONGs como parte de un sistema sociopolítico comúnmente denominado de derecha donde los voluntarios se ocupan de aquello que el Estado no hace, los orígenes de esta concepción lo ubicamos en los liberales del siglo XIX donde el altruismo y la caridad son cuestiones de los particulares sin injerencia por parte del Estado, de allí su “No – gubernamentalidad”. Adam Smith y Adam Ferguson dan cátedra de estos temas definiendo a la acción por parte de los ciudadanos como un deseo egoísta de quienes pretenden brindar un bien a otra persona, realizado con recursos propios  (como los asilos, antecedentes de los actuales Hospitales Públicos financiados por los Estados en aquellos países que existe la salud públcia) siendo su ideal el anonimato. Como el Estado embuído en el paradigma de que quienes necesitan ayuda en realidad no quieren ocuparse de sí mismos, los particulares por medio de sus acciones son útiles como complemento de aquello que no compete al Estado Liberal… Si tomamos esto como punto de partida nos encontramos luego de varias vueltas históricas en como hoy se define generalmente a las ONG y de allí al “voluntario” que participa en ellas, sin contar que en nuestra época donde pareciera que todo es transparente, no hay que hurgar demasiado para encontrar en cómo los intereses capitalistas (en el sentido de modo de producción y comercialización de objetos) se vinculan directamente y sin ningún tipo de velo con las grandes ONGs y las no tan grandes que en nombre de distintas “libertades” acicatean continuamente a los Estados cuyas opciones políticas afectan  determinados intereses, siempre vinculados al mercado de objetos y productos de consumo necesarios o innecesarios para la vida.



            La definición de “voluntario” prescinde de la definición “política” en tanto toma como referencia fundamental al “no lucro” y no los Valores en los que se orienta la vida de quien decide trabajar en función de una causa ¿cómo podría ser de otra manera en un sistema socioeconómico que se autodefine a partir del dinero? Ver trabajar a las personas que en las distintas Organizaciones No Gubernamentales y sobre todo escucharlas, inmediatamente nos ubica en una dimensión ideológica. Pensemos por ejemplo en las Organizaciones que trabajan con “trata de personas” ¿acaso las acciones que realizan, además de atender a las víctimas, no apuntan a provocar un cambio en la justicia, la legislación y lo social?... Bien… esto es una acción política aunque los miembros de la Organización no participen del sistema de partidos políticos para ser parte del Estado. ¿Acaso las acciones que promueven la defensa ecológica  no buscan detener la explotación desmesurada de un recurso, producir legislación que lo prohíba?... eso también es una acción política. ¿ Acaso el movimiento scout no busca un ciudadano activo de su comunidad que sea factor de cambio a partir de acciones concretas que produzcan un cambio social?... nos volvemos a encontrar dentro de las acciones políticas.

            ¿Cómo definiríamos entonces a un militante? Es una persona que brinda su apoyo y trabajo para una causa o proyecto, o que participa activamente en un partido político. La presencia de la letra “o” es determinante, ya que la militancia no queda reducida a la participación en un partido político para la toma del poder político, pero no excluye a las acciones políticas. Es muy interesante que en esta definición no se hace referencia al lucro, y no es porque los militantes lucren sino porque la orientación ideológica no es la del liberalismo económico sino la del lazo social más allá de la forma política que asuma. A diferencia del “voluntario” del “militante” se espera una actitud cuya visibilidad es la del compromiso en la promoción y defensa de la causa o proyecto.

            La pregunta por el voluntariado y la militancia no puede ser respondida sino desde la dimensión política… aún así difícilmente sea respondida… seguramente en el movimiento scout habrá muchos “voluntarios” como también “militantes”, negar la dimensión política del movimiento no es algo que convenga a la hora del debate y la discusión sea con los adultos como con niños y jóvenes, ya que la dimensión político – ideológica se encuentra presente en cada actividad que se promueve, como en la que se considera corresponde a otros.


            Personalmente siempre me consideré un militante del movimiento, no sé Uds.

Imagenes:
(1) Scouts x la memoria
(2) Diario Universal 5/4/13